Aún recuerdo nítida en mis pensamientos a Cristina, mi catequista. Una mujer morena, bajita, sencilla, llena de fe.
Nos contaba historias sobre cómo Jesús las protegía, a ella y a su mamá. Con su vulnerabilidad a flor de piel, Cristina dejaba huellas. Conectaba. Tocaba nuestras vidas con amor. Como esos profesores inolvidables que se apasionan con lo que enseñan. Pura inspiración. Puro valor.
.
“Una noche, dijo, en casa ya no quedaba nada para comer, ni una cascarita de pan. Me encerré en mi habitación y empecé a rezarle a mi Jesús. Interrumpió mi oración el Toc! Toc! de una vecina. Traía una canasta llena de comida para mi mamá y para mí.”
.
Cuando extendíamos las manos en la misa, Cristina nos enseñaba a cerrar los puños al terminar y guardarnos en el bolsillo, como algo muy preciado, la gracia de Dios, para que nos acompañe siempre.
Hoy, casi no voy a misa, pero la misa de Noche Buena me gusta, nunca falto. Sigo cerrando los puños y guardándome en el bolsillo la gracia de Dios. Se lo enseñé a mis hijos.
.
Una mente inquieta llena de cuestionamientos
En la Facultad, con 20 y tantos años, estudié mucha historia del arte y ahí, poniendo en contexto a cada obra, empecé a cuestionarme cómo la religión, con su narrativa, manipulaba a las masas.
“La acción artística expone a la sociedad ante ella misma. El arte saca las cosas a la luz. Nos ilumina. Arroja luz sobre la oscuridad que hay en nosotros y dice ¿Ves?”
.
Empecé a cuestionar el adoctrinamiento de la iglesia del hombre. Y como nadie me supo dar una respuesta que intelectualmente me conformara, muy a pesar de mis padres, dejé de sentir que la Iglesia me representara.
.
Me alejé físicamente. Pero nada está más presente en nosotras que aquello que cuestionamos.
.
Crisis Vital
Pensaba en espiritualidad en estos días y recibo este texto de Laura Rivas:
“Hay momentos en la vida, en los que nada externo alcanza. Ni los consejos, ni los libros, ni las palabras. Hay situaciones tan difíciles o tan profundamente solitarias, que lo único que puede sostenerte es una conexión más grande. Una fe. Una espiritualidad que no dependa de dogmas ni de gurús, sino que nazca de tu propia experiencia con la vida.
.
Porque no hace falta creer en nada externo para tener una vida espiritual rica. Somos seres biológicamente diseñados para buscar sentido. Y como dice la Dra. Lisa Miller, las personas espirituales están más protegidas frente a la desesperanza y el aislamiento. La espiritualidad —sea cual sea su forma— no solo nos conecta, sino que nos protege.”
.
Cuando la vida me sacudió la estantería, llegó a mis manos el libro “El Camino del Artista” de Julia Cameron, y me regaló a un Dios que sí me representaba, un Dios que me invitó a crear y a conectar con mi niña interior artista.
.
“El creador nos hizo creativos. Nuestra creatividad es un don que nos ha dado Dios y usarla es nuestro regalo para Dios. Aceptar este trato es el principio de la verdadera autoaceptación.
Si eres más feliz escribiendo que no escribiendo, pintando que no pintando, cantando que no cantando, actuando que no actuando, por el amor de Dios (y uso la expresión literal) déjate hacerlo.
Matar tus sueños porque son irresponsables, es ser irresponsable con vos misma. La credibilidad reside en ti y en Dios.”
.
Ayer, mi hija de 5 años, pintaba mientras charloteaba sin parar.
“Mamá, ¿confiás en mí?” Me preguntó de repente.
“Sí claro” le respondí sin levantar la vista de las verduras que picaba para el guiso.
“Pero tenés que confiar en mí no con la mente, sino con el corazón, mamá”
.
Te abrazo
Sonia


Deja una respuesta