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Cuando era pequeña, una de mis actividades extracurriculares era ir al Taller Azul, una especie de paraíso creado en la tierra por Rosita, una cordobesa +65. Su alma creativa había sobrevivido a la adultez y no paraba de imaginar ideas WOW para su taller de arte.
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Recuerdo escuchar cada consigna con el alma sedienta. A veces el disparador era un cuento inconcluso, otras veces eran películas o simplemente, una idea loca y desafiante.
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La sensación era de estruendo mental. “Se me disparan las ideas para todos lados”, solía decirle con la sonrisa con ortodoncia más grande jamás vista, antes de desconectar de este mundo y abandonarme sobre el papel.
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En el Taller Azul experimenté la pintura con pasteles, con acuarelas, el degradé con lápices y el óleo sobre lienzo. Hacíamos todo tipo de manualidades con materiales que yo no sabía que existían, hasta que Rosita abría sus cajas mágicas de colores y, por si eso fuera poco, había días especiales en los que nos poníamos un delantal y nos íbamos al fondo de aquella casa antigua llena de plantitas, a modelar cerámica.
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Ideas prestadas
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Cuando entré al secundario, decidí que era tiempo de hacer foco en mis responsabilidades y que ya no iba a tener tiempo para ir al Taller Azul. Juro que no recuerdo a ninguno de mis padres diciéndome tal barbaridad. Creo que fui yo, censurándome la diversión, para convertirme en un proyecto de adulta muy seria, muy formal y muy gris… sí, con un trajecito gris y tacos altos, así me imaginaba el éxito en la vida adulta.
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Pero Rosita había despertado en mí algo sagrado, había tocado mi alma.
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Vincent, el incomprendido
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El arte para Vincent Van Gogh no era un medio para alcanzar un fin, era un fin en sí mismo. Era su manera de vivir. Ayunaba para comprar lienzos y pinturas.
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“Es mejor tener mucho espíritu, aunque se cometa un mayor número de errores, que ser de mente prudente para todo”, “prefiero morir de pasión que de aburrimiento.”
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Vincent abrió las puertas a pintores como Picasso, que se animaron a la exploración, sin ser funcionales a la demanda del mercado, sin que la comodidad social los coartara.
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“En amar radica la fuerza, el que ama mucho, realiza mucho y lo que se hace con amor está bien hecho.«
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“Cuando siento una necesidad de religión, salgo de noche para pintar las estrellas”
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Hacer memoria
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Desde principios de este año, le di a la escritura más espacio en mi vida.
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En retrospectiva, aún miro con asombro todas las oportunidades que ese permiso auto concedido trajo a mi vida.
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Personas sabias, historias inspiradoras, espacios de crecimiento, validaciones, conversaciones profundas, nuevos clientes más alineados, amor finalmente.
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Volví a esa sensación de libertad y alegría que experimentaba luego de las consignas de Rosita, frente a las infinitas posibilidades de la hoja en blanco.
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Es sabido que hay que hacer más de lo que uno ama, pero cuando no hay un horizonte productivo claro asociado a eso que te alborota el corazón, la mente condiciona y yo terminaba convenciéndome de que esa idea, era solo una frase de galleta de la suerte.
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Al diablo con eso. Muy lejos sepulté esa idea de éxito distante, frío y acorazado.
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Hice memoria, volví a mis propias evidencias de felicidad, porque quizás el éxito finalmente, tenga que ver con PARECERSE A UNO MISMO. Y eso sí, ES UN LUJO.
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Recordá que Dios siempre apoya tus ideas creativas.
Te abrazo.
Sonia
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