La identidad profesional no es estática, es un viaje continuo de autodescubrimiento y redefinición.
Me hubiera gustado tenerlo así de claro 2 años atrás, cuando me desencontré por completo, de mi labor profesional.
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Había invertido mucha “vida” para llegar a ser la profesional en la que me había convertido.
Había llegado a una meseta cómoda, con buenos clientes y una facturación estable que colmaba mis expectativas.
Había construido un círculo de profesionales en quiénes delegar trabajo cuando me sentía sobrepasada.
De profesión diseñadora gráfica, especializada en comunicación y marketing. Me había posicionado brindando una solución integral en comunicación institucional a empresas y lo había hecho, con total naturalidad, sin grandes estrategias. Mis clientes me recomendaban y una vez dentro del círculo, mi carrera de profesional independiente fluía.
Todo indicaba que debía estar satisfecha con la cosecha. En el pasado, siempre había sentido un profundo amor por lo que hacía. Sin embargo, para mi propia sorpresa, me sentía apática.
No se lo deseo a nadie, mi malestar era generalizado. Algo en mi vida se sentía incoherente. Estaba agotada. Trabajaba desde la autoexigencia y, luego del nacimiento de mi segunda hija, mi cuerpo ya no podía sostenerlo.
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No empecé de cero. Empecé desde donde dolía.
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Cuando el cielo se nubla, hay un instinto de supervivencia que nos pone a buscar.
Una respuesta. Una solución. Un soplo de alivio.
Dios me dio un vehículo de sanación, la escritura. Primero fue guiada, luego fue un hábito de vida.
Desenredé mucho ruido.
Reordené valores. Tomé decisiones. Difíciles debo decir.
Aprendí a escucharme. Y luego, a respetarme, sin culpas.
Cuando la marea interna se sosegó, entendí que ahora había algo nuevo en mi vida. Una voz. Mi voz. Por fin había aprendido a expresarla desde su autenticidad más cruda. Y pedía pista.
Me gustaría decir que los cambios fueron producto de mi valentía, pero no fue así. Me había quebrado. Y romperme fue necesario, para aprender que mi antigua manera de funcionar no era sostenible en el tiempo.
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Narrativa de Marca Personal.
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Transformé mi tristeza en escritos. Con cada publicación, un pedacito del rompecabezas encontraba su lugar. No escribí para un cliente ideal. No tracé un plan de comunicación. No sabía qué dolor estaba resolviendo, más que el mío. Había un fuego que me quemaba por dentro y escribir, repito, era mi soplo de alivio.
Y entonces, al habitar mi vulnerabilidad, conecté. Resoné. Armé comunidad.
No porque mi historia fuera única, sino porque era la historia de muchas.
Mantuve la periodicidad en mis publicaciones. De nuevo, no por mi estoica productividad. Más bien fue porque para mí, escribir era y es, una necesidad vital.
Poner en valor tu historia de vida para crear servicios de alto valor profesional.
Palabras más, palabras menos, esta era la propuesta de valor del programa de LORENA LICHARDI, Human Business Design. Me sumé.
«Una gran idea anclada en tu zona de genialidad. 4 servicios de alto valor.»
Lorena, como consultora, encontró y validó el hilo conductor que enlazaba cada paso de mi vida, para crear algo nuevo: ESCRITORA DE MARCAS.
De repente, nada en mi vida profesional se sentía inconexo. Y esa claridad, sabía a paz mental.
Los ingredientes de la receta:
- Mi profundo conocimiento del mundo empresarial. Una estratega senior del marketing y la comunicación persuasiva.
- Mi capacidad para conectar y acompañar a empresarios de todos los rubros de la economía, durante casi 20 años, a posicionar sus marcas y vender sus servicios.
- Mi profundo amor por la escritura. Mi sensibilidad para iluminar historias. Mi emocionalidad al servicio de cambios vitales profundos. De nuevos comienzos. Con más intención. Con más propósito.
Todos recursos que yo ya tenía en mi haber.
El plato final:
ESCRITORA DE MARCAS.
Escribo las memorias de tu marca con respeto, con belleza, con profesionalismo. Para inspirar a tu audiencia, desde esa autoridad y honestidad radical, a ser parte de tu universo.
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Resumiendo
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La tan temida crisis, me devolvió a una versión personal y profesional de Sonia, muy superior.
Con menos estímulos y más silencio.
Con menos ego y más propósito.
Con menos consumo y más creación.
Con menos avidez y más paz.
¿Cómo se narra un cambio profesional?
Igual a como se lo vive: con humildad, con verdad, con el corazón en la mano.
Cuando cruzás el puente y contás tu historia, algo profundo dentro de vos se acomoda. Tu pasado y tu presente pueden mirar a los ojos a tu futuro. Y esa coherencia, te eleva.
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Te abrazo.
Sonia
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Si sos de esas mujeres que siente que una buena historia, vale más que cualquier estrategia, te invito a sumarte a mi newsletter Clara.
Si necesitás ayuda para encontrar la narrativa de tu marca, poniendo en valor tu historia. Conversemos.


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