Conocí a Julia, una mujer +70, en una formación de Narrativa de Marca.
Hicimos copilotaje juntas, espacios entre pares para retroalimentarnos en el proceso.
Julia estaba definiendo el público de su marca personal.
Ella, de filosofía budista, traía en la mochila muchas herramientas de desarrollo personal y claro, tenía más historias que un bar de playa.
La confianza fue creciendo entre nosotras semana a semana. Un día, me contó que había estado presa. Fue un malentendido. No quiero entrar en detalles para justificar nada, porque ahí no está el valor de la historia. Julia esperó pacientemente a que la declaren inocente, aunque ese dictamen llegara 6 largos meses después.
“En la cárcel Sonia, había mucho dolor, culpa y resentimiento.
A mi celda la llamaban, la celda de la calma. Yo compartía mi filosofía budista – no como un dogma religioso, más bien como una filosofía de vida – para ayudar a las mujeres a gestionar sus heridas. Estaba prohibido recuerdo, hablábamos a escondidas y en grupos reducidos para no llamar la atención.
Esa experiencia me cambió la vida.
Cuando salí en libertad, pude entender que aquella experiencia no fue karma, se trataba de una misión, llevar mi aporte a ese espacio de almas marginadas y ver cambios tan grandes. Puedo decirte, que nunca había dimensionado el poder tan positivo de las herramientas que comparto, como en aquella experiencia vital.”
Ahí, donde las mujeres tocan fondo y miran a su sombra a los ojos, ¿cuánto vale el brillo de una pequeña vela blanca? ¿Una palabra compasiva, sin juicio? ¿Una lectura que te invite a evolucionar?
.
LAS MINORÍAS
.
Volviendo a la definición del público de la marca personal de Julia, ella reflexionó: “ahora entiendo Sonia, que me gusta acompañar a la gente que los demás calificarían de raros, los que se salen del molde”.
Ese fue un momento ¡Eureka! para su marca.
.
FRACASO SOCIAL
.
Ser parte de una minoría no es un síntoma de fracaso social. Muchas veces, es un signo saludable.
No cuestionar lo establecido puede ser sinónimo de cultivar lo obsoleto o perpetuar modelos que no te representan. Frenar la marcha y cambiar de dirección, es un signo de actividad mental, de coherencia entre lo que sentimos y lo que hacemos.
Las minorías suelen expresar una sensibilidad social que las masas no cuestionan. Las minorías, muchas veces, nos invitan a sanar ciclos.
Los “raritos” de este mundo intentan que despertemos y que reflexionemos antes de descartar sus ideas. Al mismo tiempo, nos hacen mirar alrededor con ilusión, nos hacen creer en la utopía y nos recuerdan que nuestro poder va más allá que el de seguir la inercia que marca el consenso.
Hablo de las minorías que buscan transformar, no dominar. Buscan que todos vivamos mejor, no imponen, sino que llaman a la reflexión.
Entonces, aunque te miren raro, esta es tu forma, la única posible, de estar en el mundo y de inspirar a otros desde esa coherencia.
Encarar tu marca personal desde ese lugar de individuo autónomo, sin intentar pertenecer a la manada, suele ser un punto de inflexión importante.
Hablar de esto no es muy profesional…
No quiero que piensen…
Este tema es muy controversial…
No quiero generar polémica…
.
Y entonces,
Nos disociamos
Nos diluimos
Perdemos fuerza
Nos amoldamos para encajar
Nos entibiamos
.
¿Y vos? ¿Qué no estás diciendo en tu comunicación de marca que si lo dijeras serías mucho más auténtica y respetuosa con vos misma?
Para comunicar desde tu más plena libertad.
Para ser la voz que representa a otros.
Para ser honesta con vos misma.
.
Te abrazo rarita,
Sonia


Deja una respuesta