Habitar mi femineidad

Soy una de las muchas mujeres que desde que entré al mercado laboral, a muy corta edad, fui funcional a un sistema diseñado por y para hombres, con foco en la productividad y en los números, llegando a niveles de agotamiento total pues esa era la idea de éxito que había aprendido, se trataba de alcanzar objetivos.

Fui funcional con ¡10 felicitado! debo decir, aprendí mucho trabajando con hombres, destaco su gran liderazgo y agradezco haber contado siempre con su admiración, respeto y apoyo, pero claro, la emocionalidad jamás estuvo en la ecuación, yo funcionaba del cuello para arriba.

Cuando, crisis personal de por medio, me permití sentir lo agotada que estaba de sostener tanto, entendí que necesitaba un cambio total de paradigma respecto a cómo habitar mi femineidad y pegué el volantazo.

Diseñé entonces, después de mucha búsqueda interna, este proyecto de marca personal para mujeres +40, no porque sintiera que mi historia fuera única, sino porque sentí que era la historia de muchas de nosotras.

Había trabajado en narrativa de marca toda mi vida, para vender pues de todo en el mundo empresarial en el que siempre me había movido, pero jamás había escrito nada autorreferencial, y la sola idea de poner sobre la mesa mi mundo emocional me asustaba, pero necesitaba hacerlo, era algo bastante visceral para ser sincera, de esos instintos ingobernables y la verdad, no me resistí demasiado, confié, solté y salté.

Por esa época llegó a mis manos el libro de John Gray “Los hombres son de marte y las mujeres son de venus”.

“Las venusianas valoran el amor, la comunicación, la belleza y las relaciones. Su sentido de la personalidad se define a través de sus sentimientos y de la calidad de sus relaciones. En Venus, todas estudian psicología y poseen por lo menos un doctorado en asesoramiento. Todas están muy involucradas con el crecimiento personal, la espiritualidad y todo lo que pueda estimular la vida, la salud y el crecimiento. Las venusianas son intuitivas.”

Me sentí tan identificada, de repente entendía un poco más sobre mi propia naturaleza y me alejaba de lo que siempre había considerado eran los estándares a alcanzar, así que me declaré en proceso de aprendizaje y capa a capa, como las cebollas, fui volcando todo mi sentir en mis textos, nadé cada vez más profundo en mi propio mundo emocional, me animé a dejarme ver vulnerable, y no solo eso, entendí cuán importante era el amor en mi persona y en mi mensaje.

Si lo que sale de mi escritura es muy dulce, muy íntimo o muy carnal, así debe ser y dejé de sentir vergüenza por eso, yo simplemente, me permito habitar mi femineidad en mi narrativa de marca.

Lo que pasó después habla de conexión real con otras mujeres, de muchos “SÍ, SOY” y de entender cuánto camino nos falta desandar de culpas, miedos y mandatos, hasta lograr volver a nosotras mismas para vivir en coherencia con nuestro propio deseo.

“Nadie puede ganarle a la fuerza del viento en contramano, sin hacerse pelota en el camino. El agobio es la vara que te prende una luz en la frente diciéndote: ¡Basta! No sigas. Frená y tírate en el pasto. Pedí agua. Acostate. Mirá para arriba. Respirá.

Frená y sacate los ruidos. Despejate las dudas. Todas las dudas.

Límpiate de ese estruendo permanente de mil voces diciéndote que no es por acá. Purgate. Y cuando decidas qué vas a hacer, parate.

Atate los cordones, porque te vas a matar, y empezá otra vez. Donde sientas. Donde tu pecho te indique. El tuyo. Porque si vas a correr, que las piernas que te duelan sean las que gastaste corriendo tu propia carrera.

Frenar. Del verbo elevar. Frenar del verbo volver. Volver a

vos. Siempre es hacia vos.”

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VOLVER A VOS, de Lorena Pronsky, del libro «Rota se camina igual», una obra de arte.

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Amiga Clara, el mundo está muy revuelto y nosotras muy acorazadas, dejemos caer los escudos y las espadas, no nos pertenecen.

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Te abrazo

Sonia


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