Otra vez el miedo

Vengo cerrando una semana de decisiones y emociones fuertes. Me sumé a una capacitación que me resonó mucho. Le dije que SÍ, al otro día que NO, después que SÍ otra vez. Me queda muy incómoda en lo económico, me duele la panza de solo pensar en el compromiso que me significa, pero apechugué y aposté por mí y por mejores maneras de ser servicio para las mujeres a las que acompaño a gestionar su marca personal y, para terminar de justificar mi muy emocional decisión, pensé en que era un buen espacio para tener las conversaciones que necesito tener en este momento de mi negocio digital.

El tema es que después de tanta adrenalina, hoy, sábado, amanecí sintiéndome drenada, no pude despegarme de las sábanas hasta media mañana, me dejé tentar por un desayuno ultraprocesado buscando autorregulación y juro que si pudiera, me bajaría del mundo un ratito, hoy me siento aturdida.

Varios suspiros después, decidí desplomarme frente a la compu a escribir, porque sé que este momento de contracción también forma parte del paisaje de crecer con mi marca personal, ya lo viví varias veces desde que elegí este camino. La impostora plantando bandera, la vulnerabilidad de abandonar mi zona cómoda de la vida, con el riesgo acechando.

Sin más, otra vez el miedo. Me pasa cada cierto tiempo, cuando dejo de caminar y pego un salto, y está bien, es el precio que pago, es mi mente parloteando y ya.

– La semana que viene, para cerrar febrero, agendé sesión de fotos de mi marca, aunque las cámaras me sigan inquietando.

– A principios de marzo planifiqué el lanzamiento de mi web de suscripción a CLARA, este mismísimo newsletter. Ya casi está saliendo del horno gracias a Dios, estoy contenta, le pongo mucho amor a este proyecto y estoy muy comprometida con cada edición.

– En marzo también empiezo la formación de la que les hablé recién, con el corazón expectante y agradecido en iguales proporciones.

– El próximo finde viajo sola, en solitud con mi alma. Elegí muy a consciencia para hospedarme un loft reciclado a nuevo, todo coqueto, en el barrio de San Telmo, Buenos Aires. Me gustan los lugares y los objetos con historia y para mí, las calles de San Telmo están llenas de versos.

El loft tiene un ventanal antiguo con vidrios de colores, muchas plantas, pilas de libros en todos los ambientes y está decorado con pintorescas obras de arte, otro detalle que no me pasó desapercibido, no tiene tele. Lo ví y dije, es acá, este es el lugar para nutrirme, para mi necesaria PAUSA FÉRTIL antes de zambullirme en la dinámica del año lectivo de mis pequeñitos y en la de mis propios objetivos.

Necesito mi pausa fértil, para que cuando me vuelva a atropellar el miedo y la impostora, pueda recibirlos con el corazón tibiecito y lleno de mí, darle paso a la emoción, sentirla y despedirla, con serena aceptación.

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Ojalá seamos compasivas con nosotras mismas y nos llevemos de la mano, a nuestro ritmo, hacia paisajes más amorosos, cada vez que el miedo nos interpele. Al final, todas somos ambas, la que siente miedo y también la que siente fe en sí misma. Llenemos a esta última de flores y sigamos caminando.

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Justo antes de dormir, leo este mensaje canalizado en el libro que me estoy devorando “Los mensajes de los sabios” del psiquiatra Brian Weiss:

“Tienen que erradicar el miedo de sus mentes. La presencia de miedo es un derroche de energía. Les reprime y les impide hacer lo que se les encargó cuando fueron enviados aquí… Los problemas solo existen en la superficie. Tienen que dirigirse al fondo de sus almas, donde se crean las ideas”.

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Te abrazo.

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Sonia


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