Orgullo y Prejuicio es mi clásico de la literatura preferido. Me perdería en sus páginas una y mil veces. Me pasa igual con la película.
Yo, como muchas de nosotras, cada vez que llueve, espero a que aparezca Mr. Darcy a confesarme que lo he hechizado en cuerpo y alma. Sí, así de fanática.
Un poco de contexto
Leí por ahí que Orgullo y Prejuicio fue publicada por primera vez en forma anónima. Jane Austen, novelista británica, tuvo que ocultar su identidad como autora de algunas de las novelas más populares de su época y no fue hasta su muerte cuando su hermano, Henry, reveló al público que ella era la verdadera autora.
La influencia literaria de Jane sigue vigente hoy en día.
La educación femenina en tiempos de Jane (1775-1817) solía estar limitada a ciertos aspectos como la administración del hogar, las costumbres religiosas y algunas artes como la música, danza, dibujo e idiomas. Todos considerados talentos útiles para desempeñarse como buenas anfitrionas y de ese modo ser esposas ideales.
No solo Jane fue educada de un modo diferente, sino que, en su obra, las heroínas siempre se inclinaban hacia una educación liberal femenina. No buscaban casarse como el mayor logro en sus vidas, sino que, si decidían unirse a un hombre, lo hacían por amor, como lo hizo nuestra querida Elizabeth Bennet.
Quizá el mayor logro de Jane en su obra fue realizar una crítica social tan mordaz, con sabia ironía, recurriendo a la sátira, sin que pasara a ser considerada una autora reaccionaria.
Jane Austen sembró, a través de su obra, un gran cambio de paradigma. Plantó bandera. Buscó la manera de usar su voz para expresar lo que sentía, y vaya si dejó su huella.
Jane es un gran referente para que pongamos bajo la lupa a las marcas personales que se construyen sobre una dimensión filosófica propia. Marcas reflexivas, que cuestionan o buscan significado sobre cualquier aspecto de la existencia humana.
Marcas personales que plantean cambios y transforman realidades lentamente.
Pienso en la importancia de habitar nuestro poder personal con confianza, para plantar bandera y no ser una marca híbrida, sin opinión propia.
¿Qué pasa cuando hablamos de eso en lo que creemos? Nuestro público se alinea con nosotras, nos convertimos en referentes, nuestra voz de marca crece y se hace paragua para otros.
Muchas mujeres comparten conmigo su profunda convicción espiritual, social o me cuentan cómo el budismo es su base filosófica, solo por citar algunos ejemplos.
Entonces encuadramos esa dimensión filosófica en su narrativa de marca, porque amiga Clara, nada nos hace más magnéticas que levantar las banderas en las que creemos fervientemente.
Y vos, ya te preguntaste ¿Cuál es la base filosófica de tu marca personal?
Tu mundo ideológico, los valores que guían tus acciones, la búsqueda de sentido y propósito.
Anne Frank dijo:
«Sé lo que quiero: tengo metas y opiniones.
Dejadme ser yo misma, con eso me basta y me sobra»
Te abrazo, gracias por estar ahí cada semana.
Sonia


Deja una respuesta