«Yo cholita»

Si mi mamá quería calzarme,

yo puchereaba: “¡YO CHOLITA!” (y salía endiosada con las zapatillas puestas perfectamente al revés)

Si mi hermana mayor quería ayudarme con mi arte…

– ¡YO CHOLITA!.

Si mamá me quería hacer el dictado…

– ¡YO SOLITA!.

No tardé en ganarme el apodo: “YO CHOLITA”.

El “YO CHOLITA” aún hoy es una anécdota familiar narrada con orgullo, pues muy autónoma era la pequeña.

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Tengo 4.4 años y aún llevo el “YO CHOLITA” tatuado en la piel… sin cuestionarlo, pues el YO CHOLITA casi casi que vino conmigo, estaba incluido en el paquete.

UN 5 EN MATEMÁTICA

El domingo pasado me senté con mi hijo Facu (8) a repasar para la prueba de matemática del lunes.

Facu es un nene muy lúcido, dos o tres instrucciones claras y el niño la descose. Así sobrevolamos primer grado sin inconvenientes, sin mayor esfuerzo.

Algo falló esta vez con las escalas. La seño nos cambió la estructura del ejercicio y Facu se perdió.

“Mamá, me saqué un 5 en matemáticas. Hice todo mal, no entendía nada de lo que había que hacer”

Charlamos él y yo sobre un concepto claro: “la nota no te define, hijo”.

Es solo un inconveniente a solucionar. Podemos hacerlo mejor. Vamos a dedicarle más tiempo. En la vida no siempre sale todo como queremos, pero no hay que rendirse…

El peque se fue a dormir tranquilo, comprometido con ajustar el tiempo dedicado a las tareas y yo… yo me fui a dormir con el 5 de mi niño en el corazón y entonces…

Me culpé.

No fui compasiva conmigo.

Hice mío el 5.

Resultó ser que las calificaciones no lo definen a Facu, pero a mí como mamá, SÍ.

EL ROL DE LA SACRIFICADA

Estaba a un paso de dar el SÍ a una membresía que sé, de corazón, es exactamente lo que necesito hoy en mi carrera profesional.

Mi SÍ significa tiempo, dedicación y compromiso… pero ahora yo era una MALA MADRE, con un hijo que se sacó un 5 en matemática y en mi cabeza cancelé todos los planes, pues nada iba a tener sentido, si fallaba como mamá.

Me autocensuré y me dormí angustiada.

APRENDIENDO A DEFENDERME

Recién hoy, más tranquila, pude poner en perspectiva lo sobrecargada que estoy.

Hoy me vi con una raqueta en la mano, devolviendo pelotazos.

Hoy tomé conciencia del checklist sin fin en mi cabeza y el cansancio con el que abrazo la almohada cada noche.

Hoy fui mi amiga y me abracé.

Y entonces me susurré que el YO CHOLITA ya perdió vigencia, que puedo pedir ayuda, que hay grises y que invisibilizarme, no podía ser la respuesta correcta.

LA RUPTURA CON EL PASADO

¿Quién eres? ¿Cómo te describes a ti misma? Para responder estas dos preguntas tendrás que referirte a tu propia historia, a un pasado ya vivido, pero al que sin duda sigues ligada y del que es difícil escaparte.

 ¿Cómo te describes? Son pequeñas etiquetas muy ordenaditas que has ido acumulando durante toda tu vida. ¿Tienes acaso un cajón lleno de autodefiniciones que usas regularmente?

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Las autodefiniciones no son inadecuadas por naturaleza, pero pueden ser usadas de forma perjudicial. La etiqueta puede ser un impedimento para el desarrollo de la personalidad.

“Si me clasificas – o me etiquetas – me niegas”.

 Cuando el individuo tiene que estar a la altura de la etiqueta, deja de existir.

Te estás negando a vos misma, en vez de aprovechar tu propio potencial de crecimiento”.

Del libro “Tus zonas erróneas” de Wayne W. Dyer

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Te abrazo

Sonia


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